El siguiente texto es una propuesta metodológica para analizar dilemas morales, aunque la solución es limitada los pasos a seguir para indagar en asuntos de este tipo es potencial.
Trabajo final
La actividad es que leas el caso, mismo que discutiremos en clase, y utilices dichos pasos para resolver otro dilema. Puedes elegir uno de los que se muestran a continuación:
1. Adopción de parejas homosexuales.
2. La guerra contra el terrorismo.
3. Pena de muerte.
Características del trabajo (rúbrica):
1. Extensión mínima de 2 cuartillas, con carátula y con protector de hojas (20%).
2. Argumentación coherente y sin errores ortográficos (50%).
3. Orden y estructura del trabajo respecto a los pasos propuestos (30%).
Entrega: 11/04/16 (se puntual, no se extenderá la fecha de entrega).
DILEMAS MORALES
Uno
de los rasgos fundamentales de la conducta moral es que está guiada por unos
valores morales: decir la verdad, por ejemplo, es un valor moral y nuestro
comportamiento será moral siempre que digamos la verdad; cuando mentimos,
nuestro comportamiento es inmoral. Cuando no prestamos atención a esos valores
morales, nuestra conducta es amoral. Dicho de otra manera, la conducta moral
significa que nos sentimos obligados a cumplir con nuestro deber en una
determinada situación.
Ahora
bien, con frecuencia las situaciones a las que hacemos frente son complicadas y
son varios los valores que están en juego, resultando difícil respetarlos todos
o seguirlos completamente. Esto es lo
que se llama habitualmente un dilema moral: una situación en la que estamos
ante una alternativa que nos hace dudar y no tener demasiado claro lo que
debemos hacer. En algunas ocasiones puede que no nos demos cuenta ni siquiera
de que existe un dilema moral, pues no nos paramos a analizar la situación y
prestamos atención sólo a un aspecto del problema.
Podemos
poner un ejemplo de un dilema moral:
Torturar a unos presos talibanes.
Juan y Nelson son dos soldados del ejército
español. Hace unos meses fueron destinados a Afganistán, con el contingente de
tropas españolas que están en el país para su reconstrucción y para frenar el
avance de los talibanes.
Un día, mientras están patrullando, les
ataca un grupo de talibanes y logran secuestrar a dos compañeros. A los pocos
días, los talibanes exigen que sean liberados los presos que tiene el ejército
español. De no hacerlo ejecutarán a los dos rehenes españoles.
El comandante del puesto les ordena que
interroguen a los talibanes que tienen presos para poder averiguar dónde están
escondidos quienes tienen secuestrados a los soldados españoles. El comandante
les ordena que, en caso de no hablar, empleen todos los medios posibles para
que lo hagan, incluida la tortura.
¿Deben Juan y Nelson torturar a los presos
para averiguar dónde están sus compañeros?
Para resolverlo, hay que dar los siguientes pasos:
Enumera varias opciones
A Juan y
Nelson se les plantea una difícil decisión. Planteada como dilema, obliga a
optar entre una de dos opciones. A veces es posible evitar el dilema buscando
soluciones alternativas. Esta búsqueda de alternativas favorece la capacidad de
encontrar otras soluciones y evitar el dilema.
Argumentación: argumentos a favor de cada opción
Para tomar
una decisión tenemos que buscar los argumentos que están a favor de cada una de
las dos opciones que se nos presentan. No sirve cualquier argumento, sino sólo
aquellos que pueden justificar moralmente lo que hacemos. Si alguien nos
pregunta por qué hemos pegado a un compañero en clase, podemos responder que ha
sido porque le odiamos; es sin duda una explicación, pero es muy difícil que
alguien considere que nuestra acción está justificada con esa explicación.
Explicar por qué hacemos las cosas no es lo mismo que justificarlas.
En el caso
del dilema, el problema consiste en que hay argumentos a favor de cada una de
las opciones. Para poder tomar una
decisión bien justificada es muy importante que tengamos en cuenta los diversos
argumentos, y no sólo los que hay a favor de la opción que, en principio, nos
parece buena, sino también los que hay a favor de la otra opción.
Los
argumentos que se suelen emplear en la argumentación moral son, en general, de
dos tipos: consecuencias y principios o valores.
Entendemos
por consecuencias los
resultados que generan nuestras decisiones, ya sean éstos perniciosos o
favorables. Actuamos para conseguir algo, y lo que obtenemos es una
consecuencia de nuestra acción. Además, al actuar incidimos en nosotros mismos
y en los que nos rodean, de tal modo que además de la consecuencia directa e
inmediata hay otras más indirectas, pero que también importan. Y con frecuencia
hay al mismo tiempo consecuencias positivas y negativas, para uno mismo y para
los demás, por lo que pueden entrar en conflicto y por eso tenemos un dilema.
Los principios son los supuestos, creencias o normas
fundamentales que guían nuestro comportamiento. Por otra parte, los valores nos
indican lo que apreciamos en esta vida y consideramos fundamental para lograr
una vida que merezca la pena. Si la amistad es algo valioso y se basa en la
confianza, traicionar a un amigo está mal porque rompe esa confianza y destruye
la relación de amistad. Del mismo modo debemos decir la verdad
independientemente de las consecuencias, pues la veracidad es un valor que guía
nuestro comportamiento. El bienestar físico, propio o ajeno, es igualmente un
valor importante, mientras que sufrir no es algo valioso.
En este
ejercicio te pedimos que enumeres el mayor número de argumentos posibles a
favor de cada una de las opciones.
Análisis del problema
Al
actuar tenemos en cuenta los valores morales, es decir, nos preocupa saber si
lo que hacemos está bien o lo que está
mal. Cuando hacemos lo que está bien, no sentimos satisfechos; cuando hacemos
lo que está mal, nos sentimos culpables y avergonzados. Considerados desde otro
punto de vista, los valores morales nos imponen una conducta: bueno es aquello
que debemos hacer y la conciencia nos dice que es la conducta correcta; malo es
aquello que no debemos hacer, nuestra conciencia nos dice que no es la conducta
adecuada.
Además,
cuando actuamos vamos buscando conseguir algo que consideramos bueno, que es
importante y valioso para nosotros y que de ello depende nuestra felicidad.
Los
dilemas morales se caracterizan porque son situaciones en las que estamos
obligados a tomar una decisión, pero nos damos cuenta de que existen varios principios
morales en juego y también varios bienes o cosas valiosas y que no es posible
atenderlos todos. Si hacemos una cosa, actuamos de acuerdo con un valor moral y
conseguimos algo, pero al mismo tiempo incumplimos otro valor moral y perdemos
también algo. No hay forma de satisfacer los dos valores o principios en juego
y nos vemos obligados a elegir. El primer paso para hacer frente a un dilema
consiste, por tanto, en darse cuenta de los valores y principios morales que
están en conflicto. Para ello, tenemos que tener en cuenta, en primer lugar, lo
que nos dice nuestra propia conciencia. Además debemos tener en cuenta los
valores que están vigentes en la sociedad en la que vivimos, valores que
algunas veces son muy explícitos y están bien definidos, como ocurre en códigos
morales del tipo de los Diez Mandamientos o de los Derechos Humanos. Es además,
importante, tener en cuenta la importancia que tienen para nosotros y el orden
jerárquico en el los situamos También tenemos en cuenta la clase de persona que
queremos ser y la clase de mundo en la que queremos vivir.
Solución
Al final hay que exponer lo que uno mismo haría en
el caso de encontrarse en una situación semejante. Para ello hay que redactar
una exposición en la que dejemos claro qué es lo que pensamos que se debe hacer
y cuáles son las razones que justifican nuestra decisión. Es decir, se trata de
exponer la decisión que nosotros tomamos basados en los argumentos expuestos en
la pregunta anterior, procurando además refutar los argumentos que están en
contra de lo que nosotros pensamos que es la conducta moralmente buena. Es muy
importante no caer en el error de resolver el dilema proponiendo una solución
intermedia que en cierta medida satisfaga los valores en están conflicto en el
dilema. En ese caso estaríamos evitando el dilema y no dando nuestra solución.
Por tanto, la decisión que ofrezcamos en este apartado tiene que ser una de las
dos que plantea el dilema.
Ejemplo de solución de un dilema
Lo
que sigue es la solución al dilema expuesto al principio.
Enumerar varias opciones
Pueden, claro
está torturar al preso y conseguir su confesión. Pueden también negarse a
hacerlo y afrontar las consecuencias que se derivan de la amenaza de su
comandante. Una tercera opción es denunciar la exigencia del comandante a los
mandos superiores, haciendo ver que no está permitido torturar a los
prisioneros. Aunque difícil, pueden intentar convencer al comandante de que no
se debe torturar a ningún preso, proponiendo como alternativa organizar un
grupo que salga a buscar a los compañeros. También pueden interrogarle con
dureza, pero sin llegar a torturarle y, en último término, fingir que los han
torturado.
Justificar nuestra conducta: argumentos a favor de cada opción
A) Estos son los posibles argumentos a favor de
torturarles:
-
Es
posible que los presos, que se niegan a colaborar con el enemigo en condiciones
normales, no soporten la tortura y hablen para dejar de sufrir dolor, lo cual,
aunque no garantiza que los compañeros sean liberados, sí entraña una
posibilidad más para ello
-
Teniendo
en cuenta que los presos no van a colaborar si no utilizan la tortura, es
bastante probable que no encuentren a sus compañeros y que éstos acaben muertos
al no liberar a los presos talibanes.
-
Los
talibanes no volverán a recurrir a ese tipo de amenazas, al ver que no tienen
efecto.
-
Quizá
consigan una confesión y en ese caso podrían salvar a sus compañeros. Por
mínima que sea la probabilidad de que confiesen hay que intentarlo, pues la
vida de los compañeros vale mucho más que la de los talibanes presos.
-
No
torturarlos implicaría desobedecer las órdenes de un superior y eso es grave
dentro del ejército.
-
De esa
forma conseguirían dar un escarmiento ejemplar, sobre todo si se corre la voz
entre los talibanes de los buenos torturadores que son Nelson y Juan.
-
Se lo
merecen. Ellos han jugado sucio secuestrando a sus compañeros y ahora van a
pagar por ello.
B) Esos son los posibles argumentos a favor de
no torturarles:
-
La
persona que tortura puede volverse insensible y cruel, dado que los actos
concretos son los que confieren un modo de ser a la persona: somos lo que
hacemos.
-
Cuando
los enemigos talibanes sepan que los soldados torturan, su deseo de luchar
contra ellos y matarlos o expulsarlos del país, aumentará
-
Es
posible que se arrepientan de haber torturado a otra persona y convivan con el
sentimiento de culpa toda su vida.
-
No hay
que hacer daño a otras personas y al torturar a alguien se inflige un gran daño físico, psíquico y moral
a la persona torturada.
-
La
tortura es una práctica prohibida por los DDHH en cualquier situación, incluida
la guerra.
-
Las
declaraciones obtenidas bajo tortura no suelen ser muy fiables.
-
Torturarlos,
aunque sea un hecho aislado y sólo se torture a unas pocas personas y se haga por
una buena causa, implicaría perpetuar en el mundo una práctica que atenta
directamente contra la dignidad de las personas y que, por tanto, no se debe
permitir por ningún motivo y en ninguna circunstancia. No respetar ni valorar
la dignidad de la persona no atenta únicamente contra aquel individuo concreto
que está siendo torturado, sino contra todas las personas del mundo.
-
Normalmente
y salvo excepciones, cuando las personas creen firmemente en su lucha no hay
forma humana ni inhumana de hacerles confesar (son capaces de dar la vida, la
suya y la de sus hijos antes de hablar o de favorecer al enemigo).
Análisis del problema
En
el ejército, la obediencia a las órdenes de un superior es un valor muy
importante. Se espera de un soldado que obedezca a sus superiores cuando estos
le dan una orden o le imponen una misión. En este caso está clara la orden que
les ha dado el comandante.
En
caso de no obedecer van a padecer castigos u otras consecuencias negativas,
pues el comandante les hará pagar su desobediencia. Su vida en el cuartel va a
ser peor.
Además,
en la vida cotidiana y también en el ejército es importante la amistad y el
compañerismo; debemos ayudar y proteger a nuestros compañeros. Sus compañeros
están en peligro de muerte y ellos deben ayudarlos, para evitar que pierdan la
vida.
Junto
a la amistad, deben tener en cuenta la lealtad a su unidad del ejército y a los
compañeros, a los que no pueden fallar en momentos difíciles.
Por
otra parte, la tortura está expresamente prohibida en la Declaración de
Derechos Humanos y en las leyes de todos los países. Torturar es un acto que va
contra derechos fundamentales de las personas y contra las leyes vigentes.
Por
último, torturar significa infligir un daño físico o psicológico considerable a
una persona que está indefensa, dejando secuelas duraderas.
Los
tres valores más importantes son: la vida de sus compañeros: el respeto a la
dignidad de todas las personas; la obediencia en el ejército.
Solución
A
pesar de la casi segura muerte de mis compañeros, en ningún caso recurriría a
la tortura. No siempre el fin justifica los medios y, además, ciertos medios
son contraproducentes pues terminan provocando males mayores que los que se
quieren evitar.
La
tortura es una práctica inhumana y degradante, en la que se humilla y se
inflige un daño difícilmente reparable a unos seres humanos. Todo ser humano,
incluso aquellos que se han comportado injusta o indignamente, debe ser
respetado y tratado como tal. Este respeto incondicional es lo que marca la
diferencia clara entre quienes obran mal y quienes obran bien.
Por
otra parte, aunque algunos mantienen que la tortura es eficaz, nada garantiza
que vayan a decir la verdad. Las confesiones obtenidas bajo tortura no suelen
ser demasiado fiables, pues es posible que las
personas, bajo el dolor padecido, procuren dar información, aunque no
sea cierta. Incluso pueden ser fuertes y negarse, lo que podría exigir acabar
con su vida para evitar que el hecho de la tortura sea conocido. Además, el
prestigio de nuestras tropas entre la población y el enemigo se verá seriamente
dañado. Si llega a los talibanes la noticia de que sus compañeros han sido
torturados, es bien posible que a partir de ese momento luchen con más
determinación, evitando por todos los medios ser capturados por los soldados. No
nos temerán más, sino que aumentará su odio y su deseo de acabar con nosotros.
Cierto
es que mis compañeros pueden esperar de nuestra lealtad que hagamos todo lo
posible por salvarlos, pero tanto ellos como yo sabemos que en una guerra podemos
morir y aceptamos el riesgo. La guerra es una situación muy dura, en la que se
saltan con facilidad todas las normas morales, pero en todo caso hay límites
que no se pueden traspasar y uno de ellos es el respeto a la vida de los
prisioneros. Es más, en caso de torturar, me sentiré culpable; si no lo hago y
matan a mis compañeros, los culpables serán los talibanes no yo. No hacerlo me
ayudará a conservar mi propia dignidad y a no sentirme culpable. Lo importante
no es tanto lo que hacen los talibanes o lo que se merecen, sino lo que hago yo
mismo. El que ellos obren mal no me autoriza a obrar mal yo también. Además les
haremos ver a los talibanes que no vamos a ceder nunca a su chantaje y la
población se dará cuenta de que nuestro comportamiento es mejor que el suyo.
Cierto
es que debo obedecer a mis superiores, pero no cuando estos mandan algo que es
profundamente inmoral. La obediencia debida no es justificación para cometer
actos inmorales, como se ha podido comprobar en otras situaciones parecidas. Nuestras
tropas luchan para conseguir que en el país que ocupamos, Afganistán, se
implante una sociedad más justa y haya paz, pero la tortura es contraria a esos
fines. Si llegan a castigarme por ello, será injusto pero tendré que aceptarlo,
pues siempre es mejor padecer una injusticia que cometerla.
En
definitiva, las razones anteriormente expuestas hacen ver que es mejor negarse
a obedecer la orden. Los posibles beneficios de hacerlo no están claros, y si
están más claros los daños que pueden ocasionar. Y lo que es fundamental: hay
valores morales básicoss que nunca pueden ser atropellados y vulnerados.
Recomendaciones para elaborar el dilema moral:
1.
Dedica entre cinco y diez minutos a leer
atentamente el dilema y a anotar las ideas que crees que debes exponer.
2.
Las tres primeras preguntas (opciones, exposición
de las razones a favor de cada una de las posiciones y análisis del problema) puedes
contestarlas de manera
esquemática, enumerando, con una breve redacción, los argumentos que
pueden justificar cada una de las opciones. Bastaría con enumerar dos opciones
además de las dos básicas del dilema en la primera pregunta; luego poner en dos
columnas los argumentos a favor de cada opción, procurando escribir al menos
cuatro argumentos en cada columna. Por último, en otras pocas líneas (de cuatro
a siete) señalas con claridad los valores y principios que están en juego en
las dos opciones del dilema. Esta tarea puedes hacerla en unos quince o veinte
minutos.
3.
La última pregunta, la solución, debe estar redactada, recogiendo
lo expuesto anteriormente. Debe ocupar al menos una página como mínimo y tres
como máximo. Puedes dedicar a esta tarea alrededor de treinta minutos, o algo
más dependiendo del tiempo del que dispongas para hacer el ejercicio.
4.
En total, el ejercicio debe ocupar al menos dos páginas
y en ningún caso más de cuatro. El tiempo máximo estimado para realizarlo es en
torno a una hora. Disponer de más o menos tiempo, afecta exclusivamente a la
extensión de la última pregunta, la solución personal.
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